De agricultor al Yankee Stadium

De agricultor al Yankee Stadium

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Pedro G. Briceño / Freddy Tapia
Santo Domingo

El Luis Severino que hoy exhibe un brazo sagrado con los Yankees y que este año concluyó tercero en la carrera por el premio Cy Young en la Americana, primero, en su niñez tuvo que sacrificarse fuertemente junto a su padre en el trabajo agrícola y en la pesca para poder levantar a la familia en su empobrecida Sabana de la Mar.

Mucho antes de poseer la poderosa recta que presenta en la actualidad y un pitcheo en cambio tan mortífero que “desnuda” a quienes enfrenta, la siembra y el corte de arroz, de plátanos, yuca, cacao, café, ñame formaban su diario vivir buscando garantizarle cada día a los Severino- Peña las famosas “tres calientes” en su pobre hogar en el sector las Cañitas del municipio ubicado a 44 kilómetros de la Provincia Hato Mayor del Rey.

Con machete, palas y aza en las manos, el niño Luis, quien para la época contaba con 10 años, se levantaba a los pocos minutos de escuchar los cantares de los gallos para junto a su padre, Rafael Severino partir con los primeros rayos del sol, a trabajar en los campos agrícolas en jornadas extensas que representaban mayor esfuerzo para un imberbe de su edad.

“Desde muy pequeño aprendí que para conseguir algo tenía que sacrificarme y lo hice trabajando en los campos agrícolas para que la familia pudiera comer”, señala Luis, quien aunque es el segundo de cuatro hermanos, pero pronto quedó como la primera opción para ayudar a su progenitor, pues el mayor Animerton ya buscaba conseguir ingresos por otros lados.

En su niñez, Severino tuvo que trabajar con dureza para ayudar a su familia
“En el pueblo existían mínimas opciones de trabajo, que no fuera la agricultura y la pesca, acompañaba a mi padre cada día”, expresa el lanzador de 23 años, tras su participación en el Café Deportivo del Listín Diario, siendo entrevistado por los periodistas Héctor J. Cruz, Editor Deportivo, Pedro G. Briceño y Freddy Tapia.

Poco tiempo después su progenitor adquirió un pequeño bote (Cayuco) para elevar producción en la pesca y esto aunque diversificó y elevó los ingresos de la familia, pero de esta forma también se incrementaron los trabajos para Luis, quien como cada niño también debía asistir a la escuela.

Un lanzador hecho con grandes sacrificios, el jovencito jugaba de manera rupestre en cualquier solar baldio en el municipio de mas de 11 mil habitantes, para la época no existían plays bien hechos, mucho menos ligas de béisbol debidamente establecidas.

Hoy, aunque el gran dinero aún no llega para Luis, pero con dos años ganando por encima del medio millón de dólares con los Yankees, unido al bono de 225 mil dólares con los cuales firmó ayudaron a arreglar la casita de los “viejos”, comprar una pequeña finca y varias cabezas de ganados.

Su papa Rafael está al frente de las labores, ya con mucho más comodidad, mayores ingresos sostenido por un brazo que ya en el 2017 comenzó a rendir los frutos esperados y que se espera sea uno de los pitchers más sólidos de toda las Grandes Ligas al menos por la próxima década.

“Yo me ocupo de realizar los aportes para la compra del ganado y entonces mi padre labora en la finca y con la intención de echar hacia adelante este proyecto que hemos iniciado”, señala el monticulista.

Un record de 14-6, efectividad de 2.98, 230 ponches en 193.1 episodios, una presentación en el Juego de Estrellas, ser tercero en la carrera por el Cy Young y actuar en los playoffs de la Liga Americana, demuestran la calidad que Luis Severino ya comienza a presentar.

Su siembra ocurrida en el 2011 ya ha comenzado a ser cosechada, con la diferencia de que esta vez los frutos son recogidos en el Yankee Stadium y los demás escenarios de las Grandes Ligas.

En su visita a Listin Diario, Severino estuvo acompañado de Yoel Lithgow, director de la academia de los Yanquis en Boca Chica.

 LA INFLUENCIA DE PEDRO
¿Cómo fue que Martínez transformó a Severino?

Luego de un primer año en el que presentó credenciales como un nuevo portento del box, Luis Severino vivió en carne propia el “maleficio del segundo año.Eso fue entre 2015-16.

Santana, entonces con 21 años, deslumbró y comenzó a llenar las grandes expectativas creadas por los Yanquis de Nueva York cuando con bombos y platillos lo ascendieron en el 2015 a las Mayores, donde tuvo marca de 5-3 y un promedio de carreras limpias permitidas de 2.89.

No obstante, al año siguiente no fue ni la sombra y descendió a 3-8 y ERA de 5.83.

Perdió su puesto en la rotación y fue enviado de regreso a las Menores.

Abrumado, entendió que necesitaba ayuda y se la solicitó a Pedro Martínez, a quien idolatra desde que venía creciendo en su natal Sabana de la Mar.

“Cuando el ser humano se ve con la soga al cuello reacciona.

Eso fue lo que me pasó a mí”, declaró Severino durante su participación en el Café Deportivo de LISTÍN DIARIO.

“Vine en la temporada muerta y aprendí de uno de los mejores. Le pedí ayuda y él me ayudó”, expresó el derecho de los Yanquis, quien a partir de noviembre trabajó dos veces a la semana con el otrora “Alcalde de Boston” en el Estadio Quisqueya Juan Marichal.

“Lo que trabajamos fue mi mecánica. Me dijo que todo lo que yo tenía malo procedía de ahí”, señaló sobre un inadecuado movimiento de llevar las manos al frente antes dellevarlas a la altura de la cintura previo a realizar cada envío.

“Nosotros no hablamos nada de pitcheo. De lo único que hablamos fue de mecánica.

Eso mejoró todo”, aclaró.

El inmortal de Cooperstown le recomendó que eliminara esa parte y se comprara un espejo para que continuara practicando en la casa el nuevo movimiento, cosa que el alumno hacía religiosamente 100 veces todos los días para familiarizarse con el mismo.

“Cuando llegué a los entrenamientos, la localización de la recta estaba increíble y también del cambio, que era el problema mío porque no tenía confianza de tirarlo”, destacó.

Los resultados no se hicieron esperar, Severino no solo retomó su puesto en la rotación, sino que terminó como as de la misma y compiló 14-6, efectividad de 2.98 y 230 ponches en 193.1 entradas, números que le llevaron a quedar tercero en las votaciones del premio Cy Young de la Liga Americana, detrás del ganador Corey Kluber, de los Indios de Cleveland, y de Chris Sale, de los Medias Rojas de Boston.

A la pregunta de si el hecho de que Martínez, uno de los principales enemigos que han tenido los Mulos del Bronx en su historia, levantara suspicacias en el alto mando del club o en la incisiva prensa de Nueva York, Severino dijo que no.

“De lo que se trata es de un dominicano ayudando a otro dominicano a superarse.

Así es como yo lo veo”, argumentó el lanzador de 23 años, 6´2 de estatura y 230 libras de peso, diez más de las que suele tener durante la campaña de Grandes Ligas.

Trabajo físico Asimismo, Severino confiere mucho crédito al trabajo que realizó en ese período con el entrenador físico Cristian Núñez Muñoz, quien aumentó notablemente esa carga.

“Este año, cuando iba por la cuarta entrada comenzaba a sentirme más fuerte”, enfatizó el estelar derecho, cuya ancha espalda es comparada con la que en su momento de gloria tenían Roger Clemens y Curt Schilling.

Desde varios días comenzó a acondicionar el cuerpo con Núñez Muñoz y a mediados de este mes comenzará a soltar el brazo bajo el ojo clínico de Martínez para ver en qué debe seguir mejorando.